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Con el Dinero de los Demás

14/11/2025

En la película Con el Dinero de los Demás, Danny DeVito interpreta a Larry, el Liquidador: un inversionista que compra empresas en dificultades, promete una solución y, al final, liquida activos para generar ganancias inmediatas. ¿Los trabajadores? Se convierten en víctimas invisibles de la “eficiencia” financiera. La imagen es incómoda y, paradójicamente, útil para entender el espíritu del Proyecto de Ley 1087/2025.



Dicho proyecto, aprobado el 5 de noviembre, amplía la exención del Impuesto sobre la Renta para quienes ganan hasta R$ 5.000 mensuales. La medida fue presentada como un gesto de justicia fiscal y alivio a la clase media. Sin embargo, el costo de esta benevolencia estatal se paga mediante la creación de nuevos tributos sobre lucros y dividendos. El discurso es simple: “quien gana más, paga más”. Pero la realidad tributaria rara vez es tan lineal.



Al igual que Larry, que ofrece esperanza mientras prepara la liquidación, el proyecto promete alivio pero transfiere el peso al contribuyente inversor, emprendedor o profesional liberal que recibe rendimientos distribuidos. El cambio rompe una estabilidad de casi tres décadas y puede generar efectos secundarios relevantes: retracción de inversiones, reorganizaciones societarias, aumento de costos e inseguridad jurídica.



En la práctica, el gobierno concede con una mano y retira con la otra. El alivio inmediato para la base de contribuyentes se compensa con la tributación de flujos esenciales para el financiamiento de empresas, la generación de empleo y el crecimiento económico. Si la recaudación derivada de las nuevas reglas no alcanza lo previsto, las consecuencias recaerán sobre los propios contribuyentes, ahora de forma menos visible y más difusa.



El Proyecto de Ley 1087 corre el riesgo de repetir la lógica de la película: ofrecer una narrativa de beneficio mientras transfiere el costo a quienes producen, invierten y sostienen el sistema.

Leandro José Caon,

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